Vol. 7 N° 1
Enero - Junio 2026
El presente ensayo analiza las profundas analogías biográficas, históricas y espirituales entre la madre Carmen Rendiles y el doctor José Gregorio Hernández, los dos primeros santos autóctonos de Venezuela, canonizados simultáneamente el 19 de octubre de 2025. Mediante una metodología de biografía comparada, se contrastan hitos fundamentales, desmitificando distorsiones sobre su estatura física y la cronología del microscopio en el país. El estudio identifica convergencias extraordinarias, donde ambos nacieron en hogares de fe inquebrantable con madres homónimas (Antonia), se formaron académicamente en Francia y compartieron una sensibilidad artística volcada principalmente en la pintura del Sagrado Corazón de Jesús, reflejando una cristocentridad que rigió sus vidas. Desde lo espiritual, el ensayo profundiza cómo ambos transformaron la fragilidad humana en potencia divina. Carmen, con su agenesia de brazo, y José Gregorio, con su humildad franciscana, encarnaron la "santidad de lo cotidiano" y el servicio abnegado a los sufrientes. Se examina la simetría mística de sus milagros de beatificación, los cuales guardan relación con sus propias vivencias: la curación de una mano y la sanación de una herida de perdigones (escopeta). Finalmente, se analiza cómo sus accidentes de tránsito simbolizan el viaje definitivo hacia la plenitud, dejando un legado donde la ciencia y la caridad no se oponen, sino que se funden. Se concluye que ambos representan un modelo de santidad con "aroma venezolano", donde la identidad nacional y la entrega absoluta a Dios se convierten en pilares de esperanza para la cultura contemporánea, particularmente la venezolana.
This essay analyzes the profound biographical, historical, and spiritual parallels between Mother Carmen Rendiles and Dr. José Gregorio Hernández, the first two native saints of Venezuela, canonized simultaneously on October 19, 2025. Using a comparative biography methodology, it contrasts key milestones, debunking misconceptions about their physical stature and the chronology of the microscope in the country. The study identifies extraordinary convergences: both were born into homes of unwavering faith to mothers with the same name (Antonia), received their academic training in France, and shared an artistic sensibility primarily focused on painting the Sacred Heart of Jesus, reflecting a Christocentrism that guided their lives. From a spiritual perspective, the essay delves into how both transformed human fragility into divine power. Carmen, with her missing arm, and José Gregorio, with his Franciscan humility, embodied the "holiness of the everyday" and selfless service to the suffering. The mystical symmetry of their beatification miracles is examined, revealing their connection to their own experiences: the healing of a hand and the recovery from a shotgun pellet wound. Finally, the analysis explores how their traffic accidents symbolize the ultimate journey toward fulfillment, leaving a legacy where science and charity are not opposed, but rather fused. It concludes that both represent a model of holiness with a "Venezuelan flavor," where national identity and absolute devotion to God become pillars of hope for contemporary culture, particularly for Venezuelan culture.
La Iglesia Católica venezolana ha transitado un camino de fe de más de un siglo para ver florecer sus frutos de santidad autóctonos. Si bien este sendero fue iluminado inicialmente por la elevación a los altares de la Beata Madre María de San José en 1995 (primera venezolana en alcanzar dicha distinción), posteriormente de la Madre Candelaria de San José (2008) donde ambas beatas serían acompañadas por otras dos figuras venerables descritas en el presente manuscrito, donde el hito culminante de este proceso se alcanzó el 19 de octubre de 2025. En esta fecha histórica, la Plaza San Pedro del Vaticano, fue testigo de la canonización simultánea de la Madre Carmen Rendiles (MCR) y el Dr. José Gregorio Hernández (JGH). Este acontecimiento no solo consagra a los dos primeros santos plenos de la nación, sino que entrelaza las vidas de una religiosa y un médico en una simetría biográfica que merece ser analizada bajo el prisma de la historia comparada.
Existen muchas distorsiones históricas con respecto a nuestros dos santos, que al ser repetidas tanta veces, convierten un hecho histórico falso en una supuesto hecho real que no admite dudas, tal como la presunta introducción por parte de JGH de los primeros microscopios a Venezuela, cuando lo cierto es que los primeros microscopios fueron traídos a Venezuela por el botánico sueco Peter Löfling en 1754, aproximadamente 107 años antes que los microscopios Carl Zeiss que trajo JGH, igualmente otra distorsión histórica que es colocar en la mayoría de las estampitas y flyers de ambos santos a una JGH más alto y una MCR más baja, cuando en realidad ella era más alta (1,72 metros) y el más bajo (1,60 metros) por lo que, lo lógico debería ser colocarla a ella ligeramente más alta que a él en las representaciones gráficas (Traviezo, 2021).
Por esto, se hace necesaria la divulgación precisa de las historias de vida y las obras de ambos santos y principalmente tomando en cuenta una de las preguntas más frecuentes que consultan los devotos, que es el trato que pudieron tener ambos en vida y aunque en la actualidad no existe evidencia histórica de que se conocieran, a pesar de que ambos vivieran en Caracas. El que no se conocieran tal vez pudo ser causado porque JGH le llevaba 39 años más de edad a MCR, lo que hace muy difícil (mas no imposible) que coincidieran en una actividad social o en una consulta médica, de aquí que el objetivo principal de este manuscrito fuera plasmar información veraz de las principales coincidencias que acompañaron a nuestro dos nuevos santos en su transitar por una vida ejemplarizante (Mosquera, 2025).
La familia Rendiles Martínez acostumbraba a bendecir la comida en el desayuno, el almuerzo y la cena, rezaban el rosario juntos a diario, guiando la oración el Sr. Ramiro Antonio Rendiles, todos eran respetuosos de los diez mandamientos y practicantes de los sacramentos. El padre trabajaba en un buen puesto como secretario del Banco Venezuela, la madre en las arduas labores diarias del hogar y en atender los nueve hijos de los cuales Carmen Elena fue la tercera.
En el caso de José Gregorio, la familia rezaba el Angelus tres veces al día, también bendecían los alimentos, rezaban juntos diariamente el rosario, presidido también por el padre, en este caso Benigno Hernández, quien trabajaba todos los días en su surtida bodega de Isnotú llamada “La Gran Parada” ayudado por su esposa Josefa Antonia Cisneros de Hernández quien también tenía que solventar todas las necesidades del hogar y atender a los siete hijos, en todas sus necesidades diarias (Traviezo, 2021).
De tal manera que, a ambas familias, Dios las premió con un hogar unido, creyente, donde valores como el respeto, el trabajo, la honestidad, la justicia, la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad y la generosidad, eran prioritarios en el día a día de sus vidas, un hogar donde la oración diaria en familia y en común unión con el Altísimo, permitió sembrar en tierra fértil, en ambas personalidades, la semilla de la religiosidad y del amor al prójimo, tal como lo indicaban las Sagradas Escrituras (Duplá y Capriles, 2018).
Los padres de MCR fueron Ramiro Antonio Rendiles y Ana Antonia Martínez de Rendiles, esta última derivó su nombre en honor a su madre Ana Antonia Rodríguez de Martínez, tal que la madre y la abuela materna de MCR eran homónimas. Mientras que la madre de JHG se llamó Josefa Antonia Cisneros de Hernández, que recibió el Antonia por parte de su padre don Antonio de Cisneros (abuelo materno de JGH) Josefa Antonia Cisneros y Benigno Hernández se enamoraron en el pueblo de Pedraza, estado Barinas, Venezuela y ya Benigno había pedido en matrimonio a Josefa Antonia, pero por problemas políticos entre Conservadores y Liberales, Benigno tuvo que fugarse de Pedraza ya que lo habían amenazado de muerte, en este interín le envía una carta a su enamorada donde le dice:
“Josefa Antonia, me están buscando para ponerme preso y matarme, esta noche me voy con mi hermana María Luisa, quisiera que te fueras conmigo, pero si no puedes, lo entenderé, pero que la distancia no apague nuestro amor”
Esa misma noche se fugaron rumbo al estado Trujillo, cosa que no fue del agrado del suegro Antonio Cisneros, a quien nunca volverían a ver. Benigno y María Antonia se casarían en la Iglesia San Juan Bautista de Betijoque (Trujillo) el 22 de octubre de 1862, en esta época no existía todavía el matrimonio civil, el cual se institucionalizó en Venezuela fue posteriormente, el 1 de enero de 1873, por parte de otro Antonio, Antonio Guzmán Blanco (Traviezo, 2021).
Posteriormente nacería su primera hija, María Isolina (24/05/1863–04/12/1863) quien nació prematura y solo pudo vivir seis meses, luego nacería José Gregorio (26/10/1864–29/06/1919) posteriormente la tercera que también le colocaron el nombre de María Isolina (25/05/1866-22/08/1922); seguidamente María Sofía (29/09/1867-11/05/1898); luego César Benigno (30/08/1869-30/9/1943); posteriormente José Benjamín Benigno (06/09/1870-29/08/1894) y finalmente Josefa Antonia (24/08/1872-13/01/1907) a quien le colocaron el mismo nombre de la mamá en su honor, ya que murió días después por complicaciones de este, su último parto.
Al morir la madre de JGH, cuando contaba con apenas ocho años, el señor Benigno Hernández duró cuatro años de luto, luego de los cuales se casaría en Boconó con María Hercilia Escalona Hidalgo (1848-1904) teniendo el 46 año y ella 28 años (Duplá y Capriles, 2018). De esta segunda unión nacieron seis nuevos hermanos, María Avelina (Isnotú 26/11/1877-Caracas 02/07/1925),Pedro Luis (Isnotú, 23/12/1878-Caracas, 17/03/1918), Ángela Meri (Isnotú 01/03/1880-Caracas, 07/02/1904), Sira María (Isnotú 27/02/1882-Isla de Trinidad) fue religiosa, José Benigno (Isnotú 26/09/1884-24/12/1937) quien también sería médico y finalmente Hercilia del Carmen (Isnotú 06/02/1887-Caracas 06/04/1925).
Figura 1
Carmen Elena tuvo que contender con la enorme tristeza de la muerte repentina de su padre (el sostén económico de toda la familia) Ramiro Antonio Rendiles, quien fallece en 1924 con apenas 52 años y sin dejarle bienes como herencia, solo su buena casa que, a Dios gracias, era propia y en la que había invertido todos sus ahorros, esto obligó a la familia Rendiles Martínez a hacer muchos recortes económicos para poder salir a flote y aquí es donde Carmen Elena con apenas 21 años, valientemente, toma las riendas de la situación, junto con su madre y así poder salir de este mal escenario económico, junto con todos sus hermanos.
En el caso de José Gregorio, la orfandad fue más temprana ya que su madre Josefa Antonia (1830-1872) muere con apenas 42 años, por complicaciones luego de su séptimo parto (en Isnotú no había médico) por lo que, como un homenaje póstumo, su padre le colocaría a su última hija el mismo nombre de su madre (Traviezo, 2021). José Gregorio contaba con apenas ocho años y como hermano mayor tuvo que aumentar sus responsabilidades en el cuidado de sus otros cinco hermanos, interesantemente, su padre Benigno Hernández también quedó huérfano de madre muy joven, tal que quedó al cuidado de sus abuelos y por esto le colocó a su primer varón el nombre de su abuelo que también se llamó José Gregorio (bisabuelo de nuestro santo).
Carmen Elena a pesar de carecer de su brazo izquierdo, siempre fue la líder en todas las actividades con sus hermanos y primos, e incluso lideraba el subirse a los árboles de mango que estaban en el patio de su casa, también utilizaba la prótesis de su brazo izquierdo, que era muy fuerte y pesada, para pegarle a los tramposos en los juegos, de igual manera a los que se portaban mal, manteniendo el orden en todos ellos. Hasta el día de su muerte, todos sus hermanos y sobrinos siempre acudían a la congregación de las Siervas de Jesús para pedirle su opinión y consejos a madre Carmen, al morir MCR, esta responsabilidad recayó en su hermana de sangre que también se hizo monja, Luisa Antonia Rendiles, que se hizo llamar en la congregación como hermana San Luis.
José Gregorio también fue el líder de los seis hermanos Hernández Cisneros, les hacía sombreritos de papel, los disfrazaba de soldaditos, hacían desfiles por toda la casa, siempre empezaba o motivaba el inicio de los juegos, los dejaba jugando, se iba a realizar sus tareas de hermano mayor, tales como buscar agua potable en el río, atender y darles comida a los animales de la casa, estudiar, entre otros (Duplá y Capriles, 2018). Ambos santos fueron hermanos protectores, especialmente JGH, ya de adulto, se llevó a todos sus hermanos de Isnotú para Caracas y siempre estuvo pendiente de ellos, de su sustento y de su salud (Adedeji, 2025).
Una de las hermanas de sangre menores de madre Carmen, Albertina María (la penúltima de los hermanos) contrajo nupcias con Diego Cisneros, quien le regaló a la congregación el terreno donde actualmente se encuentra construido el Colegio Belén, uno de los hijos de esta pareja sería Gustavo Cisneros Rendiles, quien florecería como un importante hombre de negocios en Hispanoamérica, dueño de Venevisión, Automercados CADA y PEPSICOLA Venezuela, entre otras compañías. José Gregorio llevaba el apellido Cisneros por parte de su madre, los Cisneros de San Silvestre de Totumal (Barinas) donde nació la madre de JGH, que luego migraría a la población de Pedraza (Barinas) donde se conocieron y enamoraron los padres de José Gregorio.
Carmen Elena estudió en un excelente colegio, el San José de Tarbes de Caracas, allí entre las materias que se impartían estaba el francés, que era para la época muy necesario, el equivalente al inglés en la actualidad. Luego de su ingreso en 1927, a los 24 años, a la congregación de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento (de origen francés) por su excelente comportamiento, es enviada a estudiar y prepararse en Francia en la casa madre de la congregación, luego como la madre superiora le tocaría también viajar varias veces a este país, de tal manera que llegó a hablar y escribir a la perfección este idioma.
José Gregorio también recibió clases de francés en el Colegio de los Hermanos Villegas, donde logró dominarlo muy bien, lo cual le sirvió ya graduado de médico, cuando fue becado por el presidente de la época el Dr. Rojas Paul, recomendado por sugerencia del Dr. Calixto González, quien fuera profesor universitario de JGH, que sabía de su excelente capacidad académica, de tal manera que fue también enviado a Francia donde estudiaría Histología y Embriología con el Dr. Mathias Duval, Fisiología con Charles Richet (premio Nobel de Medicina en 1913) y Bacteriología con el Dr. Isidor Strauss, entre otros (Duplá y Capriles, 2018).
A la madre Carmen le encantaba dibujar y pintar, antes de pertenecer a la congregación de la Siervas de Jesús, a los 18 años, empezó a estudiar en una Escuela de Artes y Oficios cercana a su casa, donde aprendió a dibujar con carboncillo, teniendo preferencia principalmente por los rostros, incluso llegó a recibir clases del maestro español Manuel Cabré (1890-1984) el pintor del Ávila, quien era 13 años mayor que MCR, ella combinó su pasión por la pintura con su profunda fe cristiana y la plasmó entre tantas obras, en un dibujo al carboncillo del Sagrado Corazón de Jesús (figura 1A) cuyo original está en resguardo de un sobrino de MCR y una bella réplica del mismo se puede apreciar en el Museo del Colegio Belén en Caracas.
Por su lado JGH fue un poco más autodidacta en el arte del dibujo y la pintura, lo cual le sirvió mucho para dibujar en los pizarrones elementos anatómicos, las bacterias, los parásitos y sus ciclos biológicos, pero también plasmó su amor a Dios a través de dos de sus principales obras, el Sagrado Corazón de María y el Sagrado Corazón de Jesús, ambos en resguardo de la familia Hernández (figura 1B) coincidiendo esta obra pictórica con el mismo tema de MCR (Traviezo, 2021).
Figura 2
A la madre Carmen le gustaba coser a pesar de su discapacidad del brazo izquierdo, incluso hoy en día en el museo en su honor en el Colegio Belén de Caracas, se pueden apreciar todos los utensilios que empleaba para sus labores de corte y costura, como también algunos de sus hábitos. Cuando MCR comenzó como novicia le mandaron a coser un cierre, la madre superiora le ordenó que lo deshiciera y volviera hacer, porque no estaba perfecto, por esto ella se molestó mucho, se fue a su habitación para hacer la maleta e irse de la congregación y es en ese momento que se acordó de lo que les dijo su mamá: “Yo no les voy a escoger sus esposos, eso lo harán solo ustedes, pero selecciónenlo muy bien, no se equivoquen, ya que no quiero aquí en la casa esposas arrepentidas”
Entonces es cuando ella recordó que estaba casada con cristo, que no podía deshacer su unión con Él por solo una pelea, que era un matrimonio con Dios para toda la vida (Mosquera, 2025).
José Gregorio por su parte, aprendió a coser con un amigo sastre cuando todavía era estudiante en la Universidad Central de Venezuela (UCV) quien le enseñó en Caracas a confeccionar y coser sus propios trajes y camisas, lo cual llegó a hacer muy bien. Ambos santos tuvieron también un don en este oficio (Traviezo, 2021).
Ambas figuras consolidaron su impronta espiritual y profesional en el corazón de la capital venezolana, convirtiendo a Caracas en el escenario principal de sus obras. La Madre Carmen Rendiles nació, desarrolló su misión durante 73 años y falleció en esta ciudad, donde hoy reposan sus restos como símbolo de identidad local. Por su parte, José Gregorio Hernández arribó a la urbe a los 13 años y permaneció en ella durante cuatro décadas hasta su trágica muerte a los 54 años. Esta estancia de 41 años en el valle caraqueño permitió que su reconocimiento como médico y científico superara incluso su origen andino, logrando que ambos santos sean percibidos hoy como pilares fundamentales de la historia urbana y religiosa de la Caracas contemporánea.
Carmen Elena, vivió una gran pérdida con la muerte de su hermano Francisco José Antonio a la edad de apenas 17 años, quien era muy cercano a ella y a quien siempre aconsejaba que dejara sus actividades políticas contra la dictadura del general Gómez, ya que lo habían detenido y puesto preso en una oportunidad, por lo que costó mucho liberarlo (Traviezo & De Sousa, 2025). Esta pérdida de un hermano menor fue aún más dolorosa y trágica para JGH, quien vio partir a sus hermanos de padre y madre, José Benjamín Benigno en 1894 (murió de fiebre amarilla con apenas 24 años), María Sofía en 1898 y a Josefa Antonia (la menor de los Hernández Cisneros) en 1907, igualmente vería morir a sus hermanos (del segundo matrimonio de su padre) Ángela Meri en 1904 y Pedro Luis en 1918 (Suarez, 2005).
La Madre Carmen acostumbraba visitar todas las casas de la congregación para supervisarlas y motivarlas, es así que en 1974 cuando se dirigían a visitar una casa ubicada en Aregue, municipio Torres del estado Lara, específicamente cuando iban en la antigua carretera de Chivacoa a Barquisimeto, un carro les quitó la derecha y ocurrió un fuerte choque de frente que afectó a las cuatro hermanas que estaban en el carro (figura 2) llevando la peor parte madre Carmen, quien tuvo que ser enviada en una ambulancia que de casualidad pasó cinco minutos después del choque por el lugar del accidente y la trasladó de urgencia al Hospital Antonio María Pineda de Barquisimeto, donde fue operada esa misma noche, allí permaneció durante 25 días ya que hubo necesidad de operarla en otras oportunidades ya que tuvo fracturas en ambas piernas, principalmente fractura del fémur izquierdo (Madre Concepción, 2025).
Este accidente de tránsito sería tan terrible para madre Carmen que hubo la necesidad de usar andaderas y silla de ruedas el resto de su vida, biógrafos señalan que a raíz de este accidente presentó dolencias terribles a las que ella se refería como “es una astillita más de la cruz que llevó Cristo” en los siguientes años del accidente la salud de madre Carmen declinó exponencialmente hasta que tres años después, el 9 de mayo de 1977, a las 8:15 a.m. y a los 73 años, partiría de este mundo y hacia los brazos del Santísimo, nuestra Santa Carmen Rendiles (Madre Concepción, 2025).
En el caso del Dr. José Gregorio Hernández el accidente de tránsito fue fatal y de una manera más inmediata, ya que el 29 de junio de 1919, cuando salía de la Farmacia de Amadores con unas medicinas que él había comprado para tratar a una anciana que lo necesitaba urgentemente, en ese momento estaba deteniéndose un tranvía eléctrico frente a Hernández (figura 2) en dicha esquina y el fuerte ruido del frenar del tranvía le impidió oír el vehículo que al lado del tranvía lo pretendía adelantar, tal que ni Hernández ni el conductor del Hudson Essex (Fernando Bustamante) se percataron el uno del otro, lo que hizo que el carro golpeara a Hernández, lo empujara perdiendo el equilibrio, el golpe lo recibió en la cabeza con el filo de la acera, produciéndole inmediatamente factura de la base del cráneo con pérdida de la mase encefálica, lo cual según algunos autores le produciría la muerte instantánea (Duplá y Capriles, 2018).
Es un dato biográfico resaltante que al Dr. Hernández nunca le agradó el traslado en automóviles, prefiriendo siempre la caminata como medio para conectar con su entorno; una reticencia que algunos historiadores interpretan hoy como una suerte de premonición ante su destino final. No obstante, durante el azote de la Gripe Española en Caracas, su sentido del deber médico superó cualquier reserva personal, viéndose en la necesidad de utilizar un vehículo con chofer para optimizar sus tiempos de respuesta. Esta excepción histórica le permitió atender a una cantidad masiva de pacientes en el crítico período de la pandemia de 1918, demostrando que su compromiso con la salud pública prevalecía sobre sus propias aprensiones (Suarez, 2005). Paradójicamente, el instrumento tecnológico que aceptó por caridad hacia sus enfermos sería el mismo que, años más tarde, segaría su vida en una de las calles de La Pastora.
Figura 3
MCR recibió en febrero de 1977 (poco tiempo antes de morir) la Orden Andrés Bello por parte del presidente de la época Carlos Andrés Pérez (figura 3) por sus 50 años de servicio a la educación venezolana, donde entre tantos logros pudo fundar el Colegio Belén de Caracas, el Colegio Nuestra Señora del Rosario en La Punta, estado Mérida, el Colegio Santa Ana de niñas en Caracas, entre otros. Igualmente fundaría un Colegio para maestras normalistas en Caracas (Traviezo y De Sousa, 2025). Una de las principales vocaciones de madre Carmen fue siempre la educación ya que ella cuando joven dio catecismo, en la congregación fue maestra de las novicias y posteriormente la precursora y líder de las instituciones educativas de la congregación Siervas de Jesús que alcanzaría obras en Venezuela, Colombia, Ecuador y España (Mosquera, 2025).
Por su parte JGH desarrolló mayormente su vocación docente primero cómo tutor de estudiantes (asistente del docente) en el Colegio de los Hermanos Villegas (Caracas) y luego como profesor universitario en la Universidad Central de Venezuela (UCV) donde entre tantas cosas enseñaría a los estudiantes por primera vez en Venezuela como utilizar los tensiómetro modernos que medían tanto en la tensión sistólica, como la diastólica (la alta y la baja) pues, antes de JGH sólo existía el tensiómetro de Pachón que media exclusivamente la tensión sistólica o alta. También JGH sería el primero en enseñar a utilizar los microscopios modernos que trajo de Alemania (marca Carl Zeiss) los primeros en Venezuela con objetivos apocromáticos y objetivos de inmersión (Traviezo-Valles, Traviezo-Triolo y Dávila, 2025).
Figura 4
Los restos mortales de estos dos pilares de la fe venezolana hallaron su descanso definitivo en recintos sagrados de la capital, convirtiéndose en puntos de peregrinación y veneración popular. En el caso de la Madre Carmen Rendiles, sus reliquias reposan en la Capilla del Colegio Belén, sede de la congregación de las Siervas de Jesús que ella misma fundó (Siervas de Jesús, 2025). Por su parte, el Dr. José Gregorio Hernández, tras ser exhumado del Cementerio General del Sur, descansa actualmente en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de La Candelaria. Ambas ubicaciones, situadas en el corazón de Caracas, no solo custodian su presencia física, sino que sirven como testimonio perenne de su legado de santidad en medio del dinamismo urbano.
El primer milagro o el milagro de la beatificación de la madre Carmen fue el de la doctora especialista en Cirugía, Trinette Durán de Branger, quien durante una cirugía tropezó con un cable suelto que le proporcionó una fuerte descarga eléctrica que le dañó toda la sensibilidad del brazo derecho y Dios por la intersección de MCR logró curarla inmediatamente, irreversiblemente y sin poder ser explicado por la ciencia. Una santa que carecía del brazo izquierdo logró curar el brazo derecho de una cirujana (Siervas de Jesús, 2025).
En el caso del primer milagro de beatificación de JGH fue el de la niña Yaxury Solórzano, quien en el forcejeo de su padre con un delincuente que le quería robar su moto, este le intentó disparar, pero lamentablemente la descarga de la escopeta (perdigones) la recibió la niña en el parietal derecho sufriendo fractura con pérdida de masa encefálica, es allí cuando Dios por medio de la intersección de JGH, que se logra la cura inmediata de Yaxury, lo cual tampoco pudo ser explicado por la ciencia.
Se asemejan ambos casos en que MCR que carecía del brazo izquierdo intercedió para curar un brazo derecho y JGH quien murió por fractura de la base de cráneo con pérdida de masa encefálica intercedió para una paciente también con fractura de cráneo y también con pérdida de masa encefálica, pareciera que ambos santos se vieron identificados en estos dos casos particulares que se relacionaban tan perfectamente a sus respectivas historias de vida.
Ambos acontecimientos fueron aprobados e informados por el papa Francisco, pero por la muerte de este último, el acto de canonización fue postergado para ser realizado en el Vaticano el 19 de octubre del 2025, por el nuevo papa León XIV, está canonización fue simultánea para estos dos venezolanos y junto a ellos también fueron canonizados Pedro To Rot, Monseñor Ignacio Maloyan, Vicenta María Poloni, María Troncatti y Bartolo Longo.
Otra extraordinaria casualidad, es que las reliquias de primer grado del Dr. José Gregorio Hernández (160 reliquias, 40 relicarios) que se repartirían principalmente a todas las diócesis de Venezuela, fueron elaboradas por las hermanas de la congregación Siervas de Jesús, la cual fue fundada en 1965 por la madre Carmen Rendiles, estas reliquias son de primer grado ya que son fragmentos de huesos de JGH obtenidas de la exhumación de sus restos en el año 2020.
En Venezuela existen 41 circunscripciones eclesiásticas, 9 arquidiócesis, 26 diócesis, 2 exarcados orientales, 3 vicariatos apostólicos, 1 ordinariato militar, 1.378 parroquias y 3.561 centros pastorales. Son 68 obispos, 2 cardenales arzobispos, 1 nuncio apostólico, 13 arzobispos y 52 obispos auxiliares, tal que son 45 obispos activos y 23 eméritos. En pastoral se cuenta con 2.774 sacerdotes (1.882 del clero secular y 892 del clero religioso o regular), 204 diáconos permanentes, 151 miembros de institutos seculares, 9.233 misioneros laicos, 202 hermanos, 1.160 seminaristas mayores, 3.293 religiosas consagradas y 28.980 catequistas.
La configuración espiritual de Venezuela presenta una identidad predominantemente cristiana, donde el 80% de la población se adscribe al catolicismo, mientras que un 9,5% se identifica como protestante o anglicano. Esta hegemonía religiosa convive con un 9,7% que se declara sin filiación y un 0,8% perteneciente a diversas minorías que incluyen comunidades judías, musulmanas, bahaíes y ricas tradiciones indígenas (Consolata América, 2025). Tal panorama demográfico subraya la trascendencia de figuras como MCR y JGH, quienes emergen como referentes de cohesión social en un país donde la fe católica sigue siendo el eje transversal de su cultura y valores.
El análisis de las analogías entre la Madre Carmen Rendiles y el Dr. José Gregorio Hernández revela que sus vidas no fueron sucesiones de eventos fortuitos, sino un diseño providencial que entrelaza la ciencia, la fe y el servicio al prójimo. Estas figuras, ahora elevadas a los altares como los primeros santos originarios de Venezuela, demuestran que la santidad no es un estado inalcanzable o reservado exclusivamente para tiempos remotos, sino una posibilidad latente en la cotidianidad del compromiso profesional y religioso.
Más allá de los hitos históricos y las coincidencias biográficas aquí expuestas, el legado de ambos santos recuerda que todo bautizado está llamado, por su propia condición, a la vocación de la santidad. JGH desde el rigor del laboratorio y la docencia universitaria y MCR desde la entrega en la vida consagrada, pese a sus limitaciones físicas, son testimonios de que la perfección de la caridad, que se alcanza en el cumplimiento del deber diario. En última instancia, sus vidas ofrecen a la identidad venezolana y latinoamericana un modelo de resiliencia y espiritualidad, invitando a cada ciudadano a reconocer que el camino a los altares comienza en la entrega desinteresada a los demás en el aquí y el ahora.
Adedeji, I. (2025). Designing for a Holy Woman Who Was No Slouch with a Hammer. The New York Times. 11/11/2025. https://www.nytimes.com/2025/11/10/arts/design/mother-carmen-saint-design-medallion.html?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc
Consolata América. (2025). La Iglesia Católica en Venezuela. https://www.consolataamerica.org/es/la-iglesia-catolica-en-venezuela/
Duplá, F., Capriles, A. (2018). Se Llamaba José Gregorio Hernández. AB Ediciones. Caracas, Venezuela. Pp. 164. En: http://biblioteca2.ucab.edu.ve/anexos/biblioteca/marc/texto/E-book/AAU4959.pdf
Madre Concepción. (2025). El accidente de madre Carmen. Baltazar Porras, Cuenta Oficial. https://www.instagram.com/reel/DL1E8pFIvQP/?hl=es
Mosquera, P. (2025). Una artista talentosa y un raquetazo: Curiosidades de la Madre Carmen Rendiles. Barquisimeto, Venezuela. https://madrecarmendevenezuela.com/articulo/una-artista-talentosa-y-un-raquetazo-curiosidades-de-la-madre-carmen-rendiles
Siervas de Jesús. (2025). Biografía de Madre Carmen. https://madrecarmendevenezuela.com/biografia
Suarez, MM. (2005). José Gregorio Hernández. Biblioteca Biográfica Venezolana. C.A. Editora El Nacional. Pp. 131. https://www.anhvenezuela.org.ve/wp-content/uploads/2024/09/JOSE-GREGORIO-HERNANDEZ-BBV-N%C2%B0-2.pdf
Traviezo Valles, L., De Sousa, C. (2025). Madre Carmen Rendiles, la santidad con aroma venezolano. Momboy (24), 247-260. https://doi.org/10.70219/mby-242025-398
Traviezo, L. (2021). El Dr. José Gregorio Hernández, un santo para nuestros días. Editorial Paulinas. Santo Domingo. República Dominicana. 1ra ed. https://www.researchgate.net/publication/378610175_El_Doctor_Jose_Gregorio_Hernandez_un_santo_para_nuestros_dias#fullTextFileContent
Traviezo Valles, L., Traviezo Triolo, A., Dávila, J. (2025). Primeros microscopios para estudios médicos traídos a Venezuela por el Dr. José Gregorio Hernández. Revista Salud Amazónica y Bienestar, 4(1): e885. https://doi.org/10.51252/rsayb.v4i1.885